viernes, 26 de febrero de 2016
lunes, 15 de febrero de 2016
La zorra y las uvas MADURAS
La zorra y las uvas MADURAS
En un bosque muy lejano, al llegar el mediodía, una zorra muy hambrienta iba buscando su comida. Sin ningún inocente animaLITo que llevarse a la boca, se encontró con una hermosa y frondosa parra, de la que colgaban unos hermosos y apetecibles racimos de uvas.
Tanta era el hambre que tenía, dejo de pensar en otras presas y se concentró en dar con la forma de alcanzar este pequeño manjar. Primero intentó saltar todo lo alto que pudo para llegar a la primera uva del racimo y tirar de él hacia abajo, pero no consiguió rozar tan siquiera su objetivo. Después, se le ocurrió la gran idea de trepar por su tronco y comer todo lo que estuviera a su alcance, pero sus uñas no eran lo suficientemente fuertes para agarrarse a la parra.
Tras muchos intentos, en los que únicamente conseguía un fracaso tras otro, dijo en voz alta:
-No pienso perder un minuto más para atrapar unas uvas que no están ni siquiera maduras.
Si hay algo que no consigues tras muchos intentos, no debes impacientarte, pues tal y como hizo la zorra con las uvas, siempre podrás decir tan ricamente: ¡No está maduro! y pasar de ello olímpicamente.
El GALLO MARIO
El GALLO MARIO
Hubo una vez un gallo y una gallina que decidieron pasear juntos juntos. Así, el gallo construyó una carreta, con cuatro ruedas rojas, y con 4 soguitas para ser jalado por cuatro ratones. La gallina y el gallo se montaron y empezaron el recorrido. No muy lejos encontraron un gato que les dijo:
¿Hacia dónde van?”-
Vamos a la casa del señor Mario”- replicó el gallo.
-Llévenme con ustedes.”- dijo el gato.
El gallo contestó:
-“Con mucho gusto, súbete atrás, no vaya a ser que te caigas yendo adelante. Ten cuidado de no ensuciar las rueditas rojas. Y ustedes, Rueditas, avancen, y ustedes Ratoncitos, arranquen, pues seguimos en la ruta hacia la casa del señor Mario.
Luego subió a una piedra de molino, a un huevo, a un pato, a un perno, y por último a una aguja, quienes todos se acomodaron en el carrito, y siguió la ruta junto con ellos. Cuando llegaron a la casa del señor MARIO, el señor no estaba ahí.
Los ratones llevaron el carruaje al establo, la gallina y el gallo se subieron sobre una valla. El gato se sentó en el suelo junto al fogón, el pato se acomodó junto al grifo de agua. El huevo rodó hacia una toalla, el perno se subió al almohadón de una silla, la aguja se fue a la cama y se colocó al centro de una almohada, y la piedra de moler se posó encima de la puerta.
Entonces llegó el señor mario y se dirigió al fogón. Estaba a punto de encenderlo, cuando el gato le tiró una cantidad de cenizas en la cara. El señor MARIO corrió apurado a la cocina para lavarse, pero el pato le salpicó agua en la cara. Quiso secarse con la toalla, pero el huevo rodó hacia él, se quebró y le engomó los ojos. Pensó mejor en descansar y se sentó en la silla, pero el perno lo maltrató al sentarse. Y todo enojado, se lanzó a la cama. Pero apenas puso su cabeza en la almohada, la aguja lo punzó, por lo que gritó adolorido, y todo rabioso y desesperado quiso salir corriendo hacia el ancho mundo, pero al pasar por la puerta de la casa, la piedra de molino cayó sobre él, dejándolo todo maltratado y adolorido.
Pobre señor MARIO debe haber sido un hombre de muy mala suerte FIN
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)


Cuando corrían se veían chistosos, como la jirafa con sus patas largas se caía y al pararse se pegaba con los árboles, la cebra al correr daba saltos tan grandes que siempre caía en el rió y se mojaba mucho. Eso no le gustaba al hipopótamo que siempre estaba mas enojado que todos pues tenia que arreglar su casa, ya que, todos los animales pequeños se refugiaban en el río.
Hasta que un día llego a vivir un ratón muy especial que era muy valiente y salía a pasear en la noche no le importaba nada y cuando ramón daba como de costumbre su vuelta de sustos el ratón 


