El perrito travieso
Un día cualquiera llegó a la vecindad de don Ramón un perrito blanco con muchos puntos negros en todo su cuerpo, llamado pequitas, acompañado de su ama la señora Clementina.
Como la señora Clementina tenía que trabajar mucho para su sostenimiento, el perrito pasaba todo el día solo en la casa y se dedicaba a hacer travesuras.
Don Ramón se molestaba mucho con los daños que causaba el pequeño animalito y decidió deshacerse de él. Una mañana se lo ofreció a un señor del campo, quien lo llevó a su finca pero allí los demás perros del rancho no lo aceptaban por que no era un perro común, se burlaban de él, diciéndole que era un perro sucio, que no se bañaba que estaba lleno de pintas de mugre y que por eso su pelo se veía diferente.
Una mañana los cachorros del rancho le aconsejaron que se fuera al rió y se bañara para que sus manchas desaparecieran. El perrito muy aficionado se zambullía en el río pero no lograba nada, tal era su desespero que no se dio cuenta que el río lo iba arrastrando y cuando reaccionó ya estaba muy lejos del rancho.
En su afán de querer cambiar su apariencia casi pierde la vida. Al atardecer pasó por allí una niña de la ciudad que iba a visitar a sus abuelos y vio al perrito y exclamó ¡Que lindo es este animalito! ¡Es un perrito fino, es un dálmata! Lo llevaré a casa y lo cuidaré.
El perrito se dio cuenta que en realidad él no era un perro cualquiera y que los demás no sabían valorarlo, ni siquiera él mismo sabía valorarse. El perrito vivió feliz por siempre 
